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DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, GUÍA PARA COMPRENDE
 



Guía para comprender la DSI

CONFLICTO-LUCHA DE CLASES, IDEOLOGÍAS Y JUSTICIA SOCIAL

GUÍA PARA COMPRENDER LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

La Doctrina Social de la Iglesia (DSI), para el análisis y comprensión de la realidad, nos anima a emplear la mediación de las ciencias sociales o humanas. Estos estudios sociales nos vienen mostrando hace mucho tiempo como en la sociedad-mundo, en la realidad histórica, existe una estratificación social. Esto es, hay unas clases sociales que mediante las relaciones, sistemas y estructuras sociales causan dominación, desigualdad social e injusticia. Estas clases sociales establecen un poder cultural, económico y político que genera opresión, empobrecimiento y exclusión social. Es lo que estas ciencias sociales denominan conflicto social, ya que dichas clases sociales o élites (económicas, políticas y culturales) con su poder dominan, explotan y marginan a otras clases o grupos sociales. Esto lo reconocen hasta estas clases sociales y élites, las más ricas y adineradas. Como dijo uno de los hombres más ricos del mundo, W. Buffet, la lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando”. Aunque esto se estudia de forma más analítica y sistematizada por las ciencias sociales, la opresión de unas clases o grupos sociales, los más poderoso y ricos, sobre otros grupos sociales, los más pobres y marginados: es tan antigua como la historia de la humanidad.

Como se ha estudiado, nada más hay que conocer la Biblia, por ejemplo los relatos de los profetas. Y comprender la lucha por la justicia y la denuncia profética de la opresión e injusticia de los ricos y poderosos sobre las viudas, los huérfanos e inmigrantes (tres de los grupos sociales más empobrecidos de la época), sobre los pobres y excluidos en general; la inmoralidad e injusticia del poder y la riqueza, de los imperios con sus ejércitos y guerras, etc. sobre los marginados y pobres. Tradición profética con la que Jesús enlaza y prosigue, de forma novedosa. Tal como aparece en el Evangelio, con su proyecto del Reino de Dios Padre con entrañas maternas y su amor fraterno, paz y justicia con los pobres, que nos salva y libera de todo este pecado y mal, de los ídolos del poder y la riqueza, del egoísmo, que genera injusticia, empobrecimiento y exclusión. La tradición de la Iglesia, ya muy pronto- por ejemplo, en la conocida como era patrística-, continua con toda esta tarea salvadora y liberadora de promoción del amor fraterno, la paz y la justicia, frente al pecado e injusticia de la riqueza y el poder, la inmoralidad del ser rico y poderoso que origina la pobreza, la miseria y la marginación. Para todo ello, nada más hay que adentrarse en el estudio de la enseñanza social de los denominados Padres de la Iglesia, tanto los griegos como los latinos, conocer la vida y enseñanza de los Santos y Doctores de la iglesia.

Toda esta tradición bíblica y eclesial, la recoge en 1891 León XIII con el primer documento de la conocida ya como propiamente DSI, la RN. En esta primera encíclica de la DSI, el Papa analiza lo que se conoce más específicamente como el conflicto social. Esto es, la opresión y explotación de los obreros a manos del capitalismo, donde los patrones y empresarios tienen sometidos a la clase obrera con unas condiciones laborales, sociales y económicas infrahumanas. Así lo refleja en sus novelas, ese genio de la literatura que es C. Dickens. León XIII, con su RN, denuncia todo este conflicto social y opresión de los ricos y capitalistas sobre los trabajadores y los pobres; y promueve que la economía, el mercado y el trabajo o la propiedad estuvieran cimentados en la moral, en el bien y en la justicia. Lo que es contrario a la esencia el capitalismo y su inseparable ideología liberal (liberalismo económico) que en su entraña, en la búsqueda insaciable del lucro y beneficio, niega la moralidad y la ética en las relaciones del mercado, de la propiedad y del trabajo o comercio.

Como se ha estudiado y se observa, la DSI entiende y comprende muy bien lo que está en el fondo de llamada cuestión-conflicto social y luchas de clases: el hecho de las aspiraciones de los obreros y pobres por liberarse del yugo capitalista; la situación de la lucha por la justicia, una cultura solidaria y una liberación integral de la explotación, injusticia y alienación que sufrían a manos de las clases sociales más pudientes y ricas, como es la burguesa-capitalista. Pero la DSI rechaza asimismo, desde el principio, ciertas concepciones de la lucha de clases como errónea reacción a la injusticia primera del capitalismo, que fueron realizadas por el comunismo colectivista o colectivismo, de tipo leninista-stalinista, que la iglesia no acepta igualmente. Ya que el colectivismo entendió la lucha de clases como una venganza u odio y ataque violento a las clases sociales más ricas, que ahora deberían ser oprimidas por la dictadura del proletariado. La DSI rechaza pues todo revanchismo, odio y violencia o destrucción (aniquilación) de unas clases sobre otras. Ciertamente las desigualdades sociales e injusticia entre las clases deben terminar, en este sentido de la existencia de ricos y capitalistas a costa de la pobreza y explotación: sí, las clases sociales deben desaparecer; aunque no de una forma violenta, con el odio y el terror.

Tal como ha estudiado todo ello la DSI, con el empleo de este análisis social, que le ha permitido la comprensión adecuada de todas estas cuestiones de este conflicto social Así, Pío XI en su Enc. QA, donde profundiza el conflicto de las clase sociales y la injusticia inherente del capitalismo y su ideología liberal, nos enseña que “en efecto, cuando la lucha de clases se abstiene de los actos de violencia y del odio recíproco, se transforma poco a poco en una discusión honesta, fundada en la búsqueda de la justicia” (QA 213). Y el Papa San Juan Pablo II, ya en la LE (602-618), muestra claramente el conflicto del capital con el trabajo, como el capitalismo oprime y viola la vida digna de los trabajadores y personas. Lo que continúa y profundiza en la CA, recogiendo la DSI anterior como la de Pío XI. Allí S. Juan Pablo II nos enseña que la DSI “ciertamente, no pretende condenar todas y cada una de las formas de conflictividad social. La Iglesia sabe muy bien que, a lo largo de la historia, surgen inevitablemente los conflictos de intereses entre diversos grupos sociales y que frente a ellos el cristiano no pocas veces debe pronunciarse con coherencia y decisión. La iglesia ha reconocido claramente el papel positivo del conflicto cuando se configura como «lucha por la justicia social». Lo que se condena en la lucha de clases es la idea de un conflicto que no está limitado por consideraciones de carácter ético o jurídico, que se niega a respetar la dignidad de la persona en el otro y por tanto en sí mismo, que excluye, en definitiva, un acuerdo razonable y persigue no ya el bien general de la sociedad, sino más bien un interés de parte que suplanta al bien común y aspira a destruir lo que se le opone. Se trata, en una palabra, de presentar de nuevo —en el terreno de la confrontación interna entre los grupos sociales— la doctrina de la «guerra total», que el militarismo y el imperialismo de aquella época imponían en el ámbito de las relaciones internacionales” (CA 14).

Como queda claro, pues, es esencial en la DSI reconocer y asumir el hecho del conflicto social y de la lucha de clases, en el sentido de como hemos visto que lo entiende la iglesia. Y no sólo la llama lucha de clases, todavía más, por ejemplo S. Juan Pablo II nos manifiesta que “existe una cultura de la muerte con sus estructuras sociales de pecado e imperialismo económico-político, con una desigualdad social-mundial e injusticia entre el Norte rico y el Sur pobre (SRS). Es una guerra de los poderosos y ricos contra los débiles y los pobres, cada vez más a pobres a costa de los ricos cada vez más ricos” (EV, PG). De esta forma, la DSI nos llama a promover la justicia social frente la dominación, opresión e injusticia social del capitalismo o del colectivismo.

Porque siguiendo a la tradición bíblica y eclesial, desde Pío XI (QA) hasta S. Juan Pablo II como se ve, la DSI, que no se conforma con la mera justicia conmutativa y distributiva, le da un valor muy importante y especial a la justicia social: ya que es la que se pone de parte de los pobres y oprimidos; la justicia social va a la raíz de las injusticias sociales, a las causas de la pobreza y explotación laboral, lucha contra las ideologías y sistemas injustos e inmorales como el capitalismo o el colectivismo. Y, por ello, promueve el bien común, la restitución y justa distribución de los bienes. Aunque no es una tercera vía, no es una ideología más, sino que pertenece al depósito moral de la fe, la DSI, más allá de la simple justicia conmutativa y distributiva, opta sobre todo por la justicia social, justicia liberadora con el pobre en el que la iglesia ve a Cristo. Dicha justicia social, nacida del amor y en la constitutiva caridad política, lucha de raíz contra toda ideología y sistema injusto e inhumano, como es el capitalismo, que genera las lacras del hambre y la pobreza, el paro y la explotación laboral. Como dice S. Juan Pablo II, “ante estos casos, se puede hablar hoy día, como en tiempos de la Rerum novarum, de una explotación inhumana. A pesar de los grandes cambios acaecidos en las sociedades más avanzadas, las carencias humanas del capitalismo, con el consiguiente dominio de las cosas sobre los hombres, están lejos de haber desaparecido; es más, para los pobres, a la falta de bienes materiales se ha añadido la del saber y de conocimientos, que les impide salir del estado de humillante dependencia” (CA 33)

Y para resumir e ir concluyendo, nos sigue enseñando el Papa S. Juan Pablo II, que “se abre aquí un vasto y fecundo campo de acción y de lucha, en nombre de la justicia, para los sindicatos y demás organizaciones de los trabajadores, que defienden sus derechos y tutelan su persona, desempeñando al mismo tiempo una función esencial de carácter cultural, para hacerles participar de manera más plena y digna en la vida de la nación y ayudarles en la vía del desarrollo. En este sentido se puede hablar justamente de lucha contra un sistema económico, entendido como método que asegura el predominio absoluto del capital, la posesión de los medios de producción y la tierra, respecto a la libre subjetividad del trabajo del hombre. En la lucha contra este sistema no se pone, como modelo alternativo, el sistema colectivista, que de hecho es un capitalismo de Estado, sino una sociedad basada en el trabajo. libre, en la empresa y en la participación
Esta sociedad tampoco se opone al mercado, sino que exige que éste sea controlado oportunamente por las fuerzas sociales y por el Estado, de manera que se garantice la satisfacción de las exigencias fundamentales de toda la sociedad… Queda mostrado cuán inaceptable es la afirmación de que la derrota del colectivismo deja al capitalismo como único modelo de organización económica. Hay que romper las barreras y los monopolios que colocan a tantos pueblos al margen del desarrollo, y asegurar a todos —individuos y naciones— las condiciones básicas que permitan participar en dicho desarrollo” (CA 35).

Agustín Ortega Cabrera (Centro Loyola e ISTIC)
Subdirector del Centro Loyola, Centro Fe-Cultura-Justicia de los Jesuitas (Las Palmas de GC) y Profesor en el ISTIC (Departamento de Filosofía y Ciencias Humanas). Ha cursado los estudios de Trabajo social (Diplomado), Filosofía y Teología (Licenciado en EE., Teología Sistemática), Moral (Experto Universitario) y Ciencias Sociales (DEA y Doctor por el Departamento de Psicología y Sociología, ULPGC)

(Mayo 2014)

Vea también:
- Formación justicia social
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