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ESPIRITUALIDAD Y ÉTICA DEL TRABAJO
 



 

ESPIRITUALIDAD Y ÉTICA DEL TRABAJO

Éste próximo día 7 de octubre celebramos la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. El Papa Francisco y diversas organizaciones eclesiales como la HOAC, la JOC, etc. han realizado y presentado unos mensajes que son muy importantes. Lo cual se une a lo ya enseñado por la Moral y Doctrina Social de la Iglesia (DSI), por ejemplo con el Concilio Vaticano II en la GS o con Juan Pablo II en su maravillosa encíclica (LE), dedicado al trabajo humano. Desde todos estos documentos, primeramente, es básico para la fe y la moral ir a las raíces espirituales y teológicas de esta realidad. Lo cual motiva y da razón a la valoración del trabajo, de la trascendente, sagrada e inviolable dignidad del trabajador, de la persona que lo realiza. Y es que como aparece en la Sagrada Escritura, por ejemplo en el libro del Génesis, la persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. Y con su actividad humana, por el don de la Vida en el Espíritu, las personas, tal como se expresa en el trabajo, han sido llamadas a colaborar en la creación de Dios, a co-crear, transformar y renovar el mundo y la historia. Todavía más, como nos muestra el Evangelio, por la revelación del Dios Padre con Entrañas Maternas en Cristo, con su don del Reino salvífico-liberador, todo ser humano, todo trabajador es hijo-a de Dios. Toda la humanidad está, por tanto, convocada a que la actividad social y laboral refleje esta filiación divina en el amor fraterno, paz y justicia con los pobres.

En este sentido, el mismo Dios en Jesús se ha encarnado y asumido toda la realidad humana, social y laboral para salvarla en esta fraternidad solidaria y justicia con los pobres. Como dice el Vaticano II, en un texto memorable, en Jesús “la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado” (GS 22). Esta encarnación ha sido tan profunda, nos sigue enseñando el Vaticano II, que el mismo Dios en Jesús entregó su vida hasta la muerte. Dios en Jesús Trabajador, Pobre y Crucificado, con su Pascua, asumió fraternal y solidariamente todo nuestro dolor y sufrimiento, injusticia, mal y pecado: por lo que nos ha liberado de todo ello, de toda opresión, esclavitud y muerte.

Todos los cristianos estamos, pues, llamado a realizar esta espiritualidad de encarnación en el mundo y en la realidad laboral, social e histórica. Como nos enseñaron los obispos españoles en un significativo documento- La Pastoral Obrera de toda la Iglesia-. tal como nos recuerda Mons. A. Algora, “la Pastoral Obrera no es una pastoral de especialistas, no es una pastoral por así decirlo de un sector privado de la Iglesia, sino que atañe a toda la Iglesia”. Aun más, si como nos enseña el magisterio de la iglesia, la caridad social y política en la lucha por la paz, la justicia social con los pobres, la misma transmisión y praxis DSI, tiene un carácter constitutivo para la fe y la misión evangelizadora de la Iglesia. Y si la clave esencial de dicha cuestión social y de la DSI es el trabajo, como nos enseña Juan Pablo II (LE 3), entonces, por todo ello es ineludible, imprescindible para todo cristiano y católico está acción de la caridad sociopolítica y la justicia, esta praxis de la DSI, realizando y transformando el mundo del trabajo desde los siguientes principios, valores y claves de la DSI.

Como son que el capital (el beneficio, los medios productivos y empresariales) siempre debe estar subordinado al trabajo, a la persona y dignidad del trabajador que tiene la prioridad (LE 13). Un principio moral básico para valorar esta justicia y ética del trabajo: es el salario que recibe el trabajador/a, que debe ser suficiente y digno para él y, más aun, para toda su familia (LE19). Y es que en nuestra realidad social, laboral y mundial, actualmente, existe empleo precario, basura, que constituye una autentica explotación laboral, una esclavitud del trabajador; incluida la de millones y millones de niño/as que no deben nunca trabajar, sino jugar, ir a la escuela y desarrollarse integralmente. Tal como lo muestra que un muy buen sector de los pobres y familias pobres estén conformadas por personas con trabajo. Son los conocidos en el mundo como “working poor” (trabajadores pobres) o “precariado”, que malviven cada día a pesar de tener un empleo que, como vemos, es injusto e inmoral. Como nos muestra Benedicto XVI, es la “falta de respeto de los derechos humanos de los trabajadores…provocada por grandes empresas multinacionales y también por grupos de producción local…Al considerar los problemas del desarrollo, se ha de resaltar la relación entre pobreza y desocupación. Los pobres son en muchos casos el resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano, bien porque se limitan sus posibilidades (desocupación, subocupación), bien porque se devalúan «los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia»” (CV 22 y 63).

En está línea, hay que promover la democracia en la empresa, la socialización, participación y cogestión o copropiedad de la empresa, de los medios de producción, etc. tal como nos sigue enseñando Juan Pablo II (LE 14-15; cf. Benedicto XVI, CV 37-38). Y es que todos estos principios y claves, esenciales, de la dignidad del trabajador deben asegurar un principio básico de la DSI, como es que el destino universal de los bienes siempre está por encima de la propiedad. Solo es ética y legítima la propiedad que esté destinada en equidad para todos los seres humanos, ya siempre tiene un carácter social, como nos enseña, por ejemplo, el Vaticano II (GS 69) y Juan Pablo II (LE 14). Como nos acaba de recordar muy bien todo ello el Papa Francisco, “se plantea aquí el problema de crear mecanismos de tutela de los derechos laborales y del medio ambiente, frente a una ideología consumista, que no se siente responsable ni de las ciudades ni de lo creado. Por otra parte, el crecimiento de la desigualdad y la pobreza ponen en peligro la democracia inclusiva y participativa, que siempre presupone una economía y un mercado que no excluya y que sea justo.

Se trata, pues, de superar las causas estructurales de la desigualdad.
En otras palabras, el Estado de derecho social no debe ser desmantelado, en particular el derecho fundamental al trabajo. Esto no puede considerarse como una variable dependiente de los mercados financieros y monetarios. Es un bien fundamental por cuanto se refiere a la dignidad, a la formación de una familia, a la realización del bien común y de la paz. La educación y el empleo, el acceso al bienestar para todos son elementos clave para el desarrollo y la justa distribución de los bienes, tanto para lograr la justicia social, como para pertenecer a la sociedad y para participar libre y responsablemente en la vida política, entendida como la gestión de la 'res publica'. Las ideas que pretenden aumentar la rentabilidad a costa de la restricción del mercado del trabajo que crea nuevos excluidos, no son conformes con una economía al servicio de la humanidad y el bien común, ni con una democracia inclusiva y participativa'' (Mensaje del Papa Francisco a Justicia y Paz, 2 de octubre del 2014).

Agustín Ortega Cabrera (Centro Loyola e ISTIC)
Subdirector del Centro Loyola, Centro Fe-Cultura-Justicia de los Jesuitas (Las Palmas de GC) y Profesor en el ISTIC (Departamento de Filosofía y Ciencias Humanas). Ha cursado los estudios de Trabajo social (Diplomado), Filosofía y Teología (Licenciado en EE., Teología Sistemática), Moral (Experto Universitario) y Ciencias Sociales (DEA y Doctor por el Departamento de Psicología y Sociología, ULPGC)

(Octubre 2014)

Vea también:
- El tema del trabajo en nuestra web
- Formación justicia social
- Solidaridad





Jornadas Sociales Católicas Europeas 2014 | Santos Los, y su experiencia espiritual, ética y s

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