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LA CARIDAD POLÍTICO-SOCIAL
 



 

LA CARIDAD POLÍTICA/SOCIAL

PRAXIS DE LA ACCIÓN SOCIO-CARITATIVA Y LA JUSTICIA

Agustín Ortega Cabrera
(Centro Loyola e ISTIC)

Nuestra cultura individualista y post-moderna, burguesa/neoliberal y capitalista quiere privatizar la constitutiva dimensión social, pública y política del ser humano, de la fe y la espiritualidad. No ha asumido ni quiere reconocer lo que nos muestra la tradición de la filosofía, del pensamiento y de la teología, de la fe y de la Iglesia: que el ser humanos se realiza y se desarrolla con los otros, en la comunidad y en la sociedad, en la vida pública, cívica y política. El ser de las personas se frustra, se malogra y no alcanza la felicidad si no sirve y se compromete con lo socio-comunitario, si no ejerce la virtud ética de la política por la que promueve el bien común, la justicia y la civilización del amor. Así no los mostraron los genios filosóficos y teológicos de Platón y Aristóteles, San Agustín o Tomás de Aquino, por solo mencionar a algunos autores clásicos. Como vemos, el ejercicio del amor tiene un carácter social que supone el compromiso por la justicia con los pobres y el bien común. La vida espiritual, teologal en las virtudes esenciales de la fe que espera (esperanza) y que se realiza en la caridad: tiene una esencial dimensión universal y pública, social, política transformadora; es la caridad política, aquel amor más amplio y universal, que busca transformar y renovar la sociedad-mundo, para que sea más fraterno, pacífico y justo con los pobres.

Así lo ha recogido y enseñado el magisterio de la Iglesia y su doctrina social. En un memorable discurso ante la Federatione Universitari Cattolici, en 1927, Pío XI mostró que: “El campo político abarca los intereses de la sociedad entera; y, en este sentido, es el campo de la más vasta caridad, de la caridad política, de la caridad de la sociedad". De ahí que el mismo Papa enseñara que la caridad es social e inseparable de la promoción de la justicia, y la caridad social debe posibilitar un orden justo (QA 88 y 137). El Vaticano II criticaría la concepción de la ética individualista, que no promueve la dimensión social de la caridad y su compromiso por la justicia (GS 30), y alaba a las personas que luchan contra toda injusticia y opresión mediante esta caridad política (GS 75). Juan Pablo II ha resaltado como la caridad es inseparable de la responsabilidad moral por la justicia con los pobres y de la participación política en la vida pública para promover la dignidad y los derechos de las personas (CA 58, CL 42). El Papa nos enseña que es muy trascendental, para la misión la iglesia, este amor social y la virtud moral de la justicia que se hace cargo de la realidad del mundo, que se implica por un desarrollo humano e integral; frente a todas las injusticias y opresiones de nuestro tiempo (RH 15-16).

En este sentido, vale la pena citar integro este texto de los obispos españoles, donde se nos muestra, precisa y claramente, esta inherente dimensión pública, política de la caridad, de la vida de fe y teologal, de la espiritualidad cristiana. Dicen los obispos: “La vida teologal del cristiano tiene una dimensión social y aún política que nace de la fe en el Dios verdadero, creador y salvador del hombre y de la creación entera. Esta dimensión afecta al ejercicio de las virtudes cristianas o, lo que es lo mismo, al dinamismo entero de la vida cristiana. Desde esta perspectiva adquiere toda su nobleza la dignidad social y política de la caridad. Se trata del amor eficaz a las personas, que se actualizan en la prosecución del bien común de la sociedad. Con lo que entendemos por “caridad política” no se trata sólo ni principalmente de suplir las deficiencias de la justicia, aunque en ocasiones sea necesario hacerlo. Ni muchos menos se trata de encubrir con una supuesta caridad las injusticias de un orden establecido y asentado en profundas raíces de dominación o explotación. Se trata más bien de un compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo más justo y más fraterno con especial atención a las necesidades de los más pobres” (CVP 60-61). Como se observa con total claridad, la autentica caridad tiene este intrínsico carácter político, que promueve la justicia con los pobres y no puede permanecer impasible ante un orden injusto y opresor; sino que debe luchar contra este sistema injusto para que se ejercite una caridad verdadera.

Ya Benedicto XVI plantea la relación entre la fe y la política desde el ineludible compromiso espiritual de la Iglesia en la lucha por la justicia, por un orden social justo (DCE 28). El Papa plantea que la caridad no se puede desentender del compromiso por la justicia y el bien común. Ya que la caridad tiene un alcance político, institucional que buscan transformar las estructuras culturales y jurídicas, sociales y políticas para que respondan las necesidades reales, efectivas de las personas, de la sociedad civil y del mundo globalizado, de toda la humanidad, que es familia fraterna (CV 7). Lo más valioso de la teología contemporánea, con los autores y corrientes más significativas que se fecundaron con el Vaticano II, han resaltado esta carácter comunitario y público, socio-histórico y político de la caridad, de la fe cristiana y su vida espiritual. En especial, cabe mencionar los estudios históricos, exegéticos y bíblicos sobre la persona de Jesús y su Iglesia que nos Revela al Dios Padre, con Entrañas Maternas, y a su Reino de amor fraterno, paz y justicia liberadora con los pobres. El Proyecto de Jesús, el don del Reino de Dios, tiene un vital sentido público y ético-político. El Reino, a cuyo servicio está la iglesia de Jesús, busca transformar y salvar liberadoramente, de forma integral, al ser humano, a su espíritu corpóreo (en cuerpo y alma), a las personas y su comunidad, a la sociedad y a los pueblos con sus relaciones, instituciones y estructuras; para que, así, el mundo vaya impregnándose de la verdad y del bien, vaya siendo más fraterno y justo con los pobres, lo que culmina en la vida plena y eterna.

La teología de la misión y pastoral-praxis de la Iglesia, cuyo eje es el Reino, la humanidad-mundo y los pobres: destaca la adecuada forma de comprender la diakonía, corazón de la fe, el servicio socio-caritativo; en donde los pobres tienen que ser los sujetos y protagonistas principales de dicha misión y pastoral, en su desarrollo y promoción liberadora integral. En la entraña de la Iglesia, como sacramento del Reino, está dicha acción socio-caritativa y el promover el desarrollo humano e integral, que se realiza de forma global. En el servicio y praxis de la caridad no se puede separar la dimensión asistencial (dar el pez, alimentos…), la de proyectos de desarrollo (dar la caña de pescar (educación-formación, infraestructuras, etc.) y la política o socio-estructural (que puedan pescar, que haya peces, que los puedan intercambiar de forma justa…). Si solo nos quedamos en una caridad asistencial o de proyectos de desarrollo, y no promovemos la caridad social, inseparable de la justicia social, la caridad política que transforma las causas y estructuras sociales que generan la pobreza, entonces: caemos en el asistencialismo, paternalismo y una beneficencia trasnochada; nos convertimos en cómplices del mal y la injusticia, colaboramos al mantenimiento del des-orden injusto establecido. Como muestra, por ejemplo, el Vaticano II (GS; AA 8).
Todo lo cual, por esta mala praxis, ha contribuido y contribuye a la horrenda imagen que se tiene de este servicio socio-caritativo y de la fe en general, se ha convertido y convierte en la roca del ateísmo. Ya que se ha identificado e identifica a la fe con los poderes establecidos, con la riqueza y el poder, con el orden injusto establecido. Es la típica imagen de la Iglesia en convivencia y contubernio o alianza con los poderosos y enriquecidos. Todo lo cual, como sabemos, lo rechaza la tradición y el magisterio de la Iglesia, que enseña y vive de todo lo contrario, como hemos visto hasta aquí. Esto es, la iglesia promueve y debe promover una caridad socio-política que promocione el bien común y la justicia social, que vaya a las raíces del mal y la injusticia; que denuncie así, proféticamente, al poder y a la riqueza, a las ideologías inmorales, a las estructuras sociales opresoras y al sistema injusto establecido. De lo contrario, como muchas veces ocurre, se nos acusará a los cristianaos de hipocresía, de doble moral, de mantener el orden injusto establecido, de privilegios, poder y riquezas, maquillado todo ello con un barniz o parche de supuesta acción caritativa y social con los pobres. Es decir, insistimos, lo contrario que nos enseña el Evangelio de Jesús y el magisterio de la Iglesia. Por todo ello, en la actualidad nuestra acción caritativa, social y solidaria debe tener credibilidad para que seamos testigos del Dios Vivo en Jesús.

Y, de esta forma, denunciar proféticamente el pensamiento único, la ideología perversa del neo-liberalismo, pecado social que clama al cielo como la definió Juan Pablo II (EA 56). El neoliberalismo global impone su individualismo, su falsa libertad asentada en la dictadura del hedonismo, relativismo y de la competividad (egolatría), el afán de tener, poseer y consumir, los ídolos del poder, la riqueza y del mercado. Es esencial la denuncia de la plasmación económica del neoliberalismo, el sistema capitalista, el capitalismo que es inhumano y que no es aceptable (Juan Pablo II, cf. CA 33 y 35), ya que se convierte en el ídolo que rechaza la moral (Benedicto XVI, Aparecida, 4). Como nos enseña una vez más la Iglesia, de mano del Papa Francisco, el capitalismo es salvaje y ha generado la crisis con sus injusticias e inmorales desigualdades entre los ricos, cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres. Y por supuesto, frente a este neoliberalismo/capitalismo, el anuncio y praxis de la globalización en y de la solidaridad, de la justicia; frente a los actuales sistemas mundiales de las finanzas-banca, del comercio y del trabajo que son estructuras de pecado y que acrecientan, cada vez más, la inmoral brecha (abismo de desigualdad) entre ricos y pobres. La civilización del amor frente a la guerra de la guerra de los poderosos y ricos contra los débiles, contra la vida y dignidad de la persona (Juan Pablo II, SRS; PG 67).

(Junio 2013)

Vea también:
- Doctrina social: Textos del Magisterio
- Doctrina Social Iglesia: Textos olvidados
- Doctrina social católica
- Pobreza- pobres
- Cáritas: Acción Caritativa y Social
- Formación justicia social
- Solidaridad




Riqueza y propiedad en la moral de la Iglesia | Paz y fe en un desarrollo humano-integral

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