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HISTORIA: XVI JORNADAS IGLESIA EN CANARIAS - 3
 



 

“El Concilio va a ser cosa seria”

El profesor Salvador Santana, presenta a Pildain en el Vaticano II

Crónica diaria.
Miércoles, 13 de abril de 2016

Llega ya el ecuador de esta semana de las XVI Jornadas de Historia de la Iglesia en Canarias, todo ello dentro del Campus universitario de Tafira. El aula magna del ISTIC acoge en la tarde de este tercer día, miércoles 13 de abril, la ponencia del Dr. Juan Jesús García Morales, profesor del ISTIC quien presenta:”Teología de la religiosidad popular”.

La primera exposición señala como destacada la expresión “piedad popular” en la primera carta apostólica del Papa Francisco, la Evangelii Gaudium, donde afirma se trata de un lugar teológico. Teniendo en cuenta ese momento cumbre, el ponente presenta la evolución en la consideración de la religiosidad popular, tras lo cual llega a una serie de conclusiones. La piedad no puede ser algo separado de la fe, ni se entiende de manera intelectualista. Se encuentra en la Sagrada Escritura, la Tradición y sus monumentos, relacionada con la Liturgia o referidas por los Padres, en las intervenciones del Magisterio, en la historia, filosofía… Todo ello genera su repercusión en la historia, en las sociedades, en las culturas y en los individuos que no puede ser expresado intelectiva o verbalmente. Quizá el elemento más destacado en teología haya sido el de la fiesta. Se llegó a hablar de una teología lúdica, festiva o dionisíaca, en la actualidad parece haber decrecido el interés por esto. Naturalmente la teología ejerce una función crítica para facilitar a la Iglesia su discernimiento sobre la capacidad unificadora de la fe en las manifestaciones de piedad y desarrollar una serie de criterios para así distinguir entre una correcta inculturación y lo incompatible con la fe. En este sentido, el Papa Francisco invita a «saber leer las expresiones de la piedad popular» para pensar la nueva evangelización. Es una llamada importante y marcada por la urgencia de redescubrir vías para la expresión de la fe. La piedad popular, según el actual pontífice, es el mejor punto de partida para sanar y liberar la cultura popular. Será necesario realizar una reflexión sistemática postconciliar para ofrecer las luces y vías necesarias para el pueblo creyente.

Llega el espacio para dos comunicaciones. Una de ellas “Religiosidad popular en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria”, realizada por D. Miguel Rodríguez Díaz, Hermano Mayor de la Real Cofradía del Santísimo Cristo del Buen Fin.

Comienza señalando la abundancia de fiestas religiosas populares en las islas, dato condicionado por el buen clima. Se remonta a los años de la conquista, al papel de los evangelizadores. En todo ello, se mezclan imágenes, plegarias, música... Las principales celebraciones tenían un carácter cívico religioso. Tras la conquista, queda acentuada la religiosidad popular. La situación geográfica de las islas favorece que aparezcan similitudes con otros continentes, especialmente Latinoamérica. Algunas tradiciones poseen un carácter aborigen. Una de las devociones más arraigadas es a la Virgen que cuenta con 80 advocaciones distintas. Entre las más antiguas destacan la del Santo Cristo y San Juan Bautista. Otro grupo proviene de la época de las rogativas. Una de las grandes devociones populares canarias fue la atribuida San Pedro Mártir, cada 29 de Abril, culminación de la conquista e inicio de la incorporación de Gran Canaria a la Corona de Castilla. Algunas imágenes se situaban a sus inicios en garajes particulares, donde se van haciendo populares y finalmente son entronizadas en un templo. Hoy las comunidades cristianas incluyen las fiestas en sus programas pastorales, son un momento importante en la vida de los pueblos y barrios. Concluye indicando la aportación de las cofradías de pasión o de penitencia a la religiosidad popular.

La segunda comunicación es de D. José Luis Guerra de Armas, profesor del ISTIC, en ella presenta “El Seminario Diocesano de Canarias durante el pontificado de Antonio Pildain visto por un seminarista de aquel tiempo”.

Esta experiencia personal del conferenciante se sitúa en los últimos años de Pildain, desde 1952 a 1964, año en que el ponente se ordena de presbítero. A estos años, pueden añadirse tres como profesor en el Seminario, es por tanto un recorrido de 15 años. Pildain dejó huella, amó el seminario y su implicación fue permanente. Lo amó como él era, con sus aciertos y sus fantasmas. Trabajó, no sólo para mostrar el Seminario como el corazón de la diócesis, sino también para presentarlo como emblema de su pontificado. Levantó un Seminario nuevo sin más ayuda que la de los fieles. En aquel contexto, se enraizaron valores como la disciplina, el respeto al otro, la austeridad, la importancia de las cosas bien hechas, el afán de superación, así como también el espíritu crítico. Por otra parte, la formación recibida era poco personalizada y la espiritualidad adolecía con frecuencia de raíces y de asimilación personal. Los últimos años son de renovación, eran tiempos conciliares, sin grandes resistencias al cambio. En este sentido, jugó un gran papel el rector del Seminario, Manuel Alemán. Unidad en la formación humana y espiritual. El humanismo clásico despertó una sensibilidad especial por todas las dimensiones de la persona. Como carencia en la formación, la ausencia o mejor inhibición, de cualquier tipo de educación afectiva y sexual, hecho muy normal dentro del marco de la época.

Finalmente, cierra este tercer día el Dr. Salvador Santana Rivero, profesor del ISTIC quien ofrece la conferencia “La participación del Obispo Antonio Pildain Zapiain en el Concilio Vaticano II”.

Monseñor D. Antonio Pildain Zapiain nació en Lezo, Guipúzcoa, el 17 de enero de 1890. Carácter fuerte y temperamental, orgulloso de su identidad vasca. Estudió en el seminario diocesano de Vitoria, se doctoró en Roma por la universidad gregoriana en 1911. Notable intelectual, antimodernista y antiliberal, excelente orador. Diputado de las Cortes Constituyentes de la Segunda República, representando al partido Católico integrado en la minoría Vasco-Navarra, defendía a la Iglesia Católica ante un auditorio anticlerical. El epitafio de su tumba lo retrata: “Pastor amante de los pobres. Defensor de la Iglesia y de la moralidad. Solícito en la formación del clero. Fiel al magisterio de la Sede de San Pedro.”

La convocatoria del Concilio Vaticano II por Juan XXIII el 25 de enero de 1959, produjo asombro en el mundo y en la Iglesia. El episcopado español fue muy mal preparado. Algunos rasgos de su visión teológico pastoral: fe cristocéntrica, amor a la Iglesia, concepción jerárquica de los ministerios, pastoral de cristiandad. El Sínodo de 1947 tuvo su eco en las aulas conciliares. Tercer Obispo de Canarias en un Concilio. En cuanto a su aportación conciliar destacan: la Iglesia, su ser y su misión; la Iglesia y los pobres; la libertad religiosa; la Revelación; su preocupación por los presbíteros. 33 intervenciones en los trabajos conciliares. De ellas 25 estrictamente personales, dentro de las cuales ocho intervenciones en el aula y, además, adhesión a seis intervenciones orales y a dos enmiendas escritas de otros padres conciliares. Todo ello se refleja en las actas donde se le cita setenta veces. Él mismo decía: “Para mí, la participación en el Concilio Vaticano II ha sido una tarea de las más apasionantes de mi vida de Obispo y la considero como una especial maravillosa gracia de Dios”. Entre los discursos y aportaciones destacan: supresión de clases sociales en la liturgia, la oración por los pobres y obreros en la eucaristía, independencia Iglesia y Estado, preocupación por los alejados de la Iglesia, la caridad, el ecumenismo, las grandes desigualdades entre las naciones, el comunismo y su expansión Contrario a la aprobación del texto conciliar sobre libertad religiosa. Concluido el Concilio, no tuvo tiempo de aplicarlo ya que casi al año de la clausura del Vaticano II le llegó el momento de su jubilación, Pablo VI aceptaba su renuncia por edad el 16 de diciembre de 1966.

Para mañana jueves, último día de estas Jornadas, están previstas tres ponencias. Iniciará la tarde D. Julio Sánchez Rodríguez, historiador con la exposición “ El Obispo Manuel Verdugo y Abiturría – Pastor prudente y sabio e insigne bienhechor de la ciudad (Bicentenario de su fallecimiento)”. Le seguirá “La religiosidad popular en el arte en Canarias” por D.Elías Francisco Zaít León, del Departamento de Historia de la Iglesia. Una última ponencia: “Los pobres y la cuestión social en Monseñor Pildain” presentada por el Dr. Segundo Díaz, profesor del ISTIC. Finalizada esta última, está prevista la clausura hacia las ocho de la tarde.

Julio Roldán

Vea también:
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