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JOSÉ MARCOS FIGUEROA
 

JOSÉ MARCOS FIGUEROA

Natural del pueblo de Tinajo en la isla de Lanzarote. Siendo niño emigró con su familia a Uruguay. Entró en el noviciado de los jesuitas y fue hermano portero de un colegio de la compañía de Jesús gran parte de su vida, y por su humildad y profunda vida espiritual fue considerado por todos como un verdadero santo y se ha abierto últimamente su proceso de beatificación.




 


BREVE HISTORIA DEL HERMANO JOSÉ MARCOS FIGUEROA

Pocas palabras mucho silencio, continuo servicio, permanente ofrenda de sí.

Tal la vida terrena de quien estuvo inmerso en Dios y atento a sus hermanos, con fe honda y la caridad pronta de los pequeños, de los sencillos. Para quienes es el conocimiento y el amor y la comunión gozosa con el Hijo y con el Padre.

Hablo del siervo de Dios, hno. José Marcos Figueroa de la Compañia de Jesús, "el portero de la Inmaculada".


Crucificado para el mundo, vivo en el Resucitado, entregado al Espíritu y fiel al carisma ignaciano hizo su Pascua y la testimonio diariamente al cumplir con heroísmo el "deber de estado", seguro camino de santíficación...
Edgardo Gabriel Storni

Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Su nacimiento y infancia.

El hno. Figueroa nació en Tinajo, en la isla de Lanzarote,correspondiente al obispado y provincia de Canarias, el dia 7 de octubre de 1865 sus padres Nicolás Figueroa y su madre Rafaela Umpiérrez lo bautizaron altercer día de su nacimiento.

Era el mayor de 4 hermanos y emigraron a Uruguay cuando José tenía 8 años empujados por el hambre y la sed que se sufría en ese lugar por el año 1873.

Se establecieron en un campo perteneciente al pueblo de Santa Lucia en la provincia de Canelones fue a la escuela solo durante 4 meses pues por ser hermano mayor debía ayudar a sus padres en el oficio de labrador. Enseñó a sus hermanos a leer y a escribir a rezar el Santo Rosario y sembró en ellos la primera semilla de catequesis cristiana. José era muy inteligente y la vez callado.

El noviciado.

A los 20 años entró en la Compañia de Jesús el 30 de enero de 1886, en tiempos en difíciles pues la masonería perseguía a la Iglesia de forma oculta en Uruguay promulgando leyes antireligiosas.

En su noviciado José se ponía en manos de Aquel que lo había llamado a servirlo en la Compañia de Jesús, en los meses de mayo de 1887 contrajo viruela y en tan duro trance fue cuidado con solicitud de madre por el hermano enfermero Rojas quien permanecía casi de continuo aseándolo y realizándole los tratamientos. El Señor premió los heroicos cuidados del hno Rojas, José sanó de su enfermedad, pero el hno Rojas contrajo la enfermedad con tal virulencia que a los 5 dias murió, Agradeciendo a Dios su predestinación al cielo. Esta experiencia marcó profundamente a José Marcos.

Su presencia pasó desapercibida durante su noviciado. Se decía que era bueno y que prometía pero nada más. El 28 de mayo de 1888 el hno partió desde Córdoba a Santa Fe, pronunció sus votos perpetuos el 15 de agosto del mismo año.En su corazón se grabó a fuego el lema ignaciano "En todo amar y servir" que fue su parámetro en toda su vida.


Oficio de portero.


En el Colegio Inmaculada se desempeñó como portero durante 53 años, el hno. José hablaba de Dios con su vida, con sus pequeñas obras diarias. En primer lugar su mayor virtud fue su amor a Dios, siempre traducido en la fidelidad en todas las cosas, en las más pequeñas y en las más invisibles par muchos el hno Figueroa fue el santo de lo invisible.

En la portería recibía el llamado de tres teléfonos, atendiendo cada uno con solicitud, pasando mensajes, dando la hora exacta o los horarios de las misas en el tiempo en que la ciudad no contaba con relojes públicos, contestando infinidad de preguntas aún sobre las previsiones del tiempo emanadas del observatorio meteorológico que funcionaba en el colegio. Recibía a todas las personas que llegaban a la portería por diversos motivos y en cualquier momento del dia, hasta en altas horas de la noche. Respondía a los que golpeaban su ventana, en horas de reposo, pidiendo la extremaunción para algún familiar enfermo. Atendía los requerimientos de los alumnos y de todos con solicitud incansable.

Atendía además la librería que funcionaba en la portería del Colegio, se encargaba de la lavandería de la ropa de los pupilos. Se ocupaba de hacer sonar la campana en los horarios de la comunidad. A las nueve de la noche prendía las luces de la torre de la Inmaculada para señalarle la hora exacta a la vecina ciudad de Paraná.

Y todo esto el hno hacía todas estas cosas con eficacia pero lo que distinguia en su obrar diario era el AMOR que ponía en cuanto hacía, aunque se tratara de algo tan humilde al servicio de los demás.


La piedad del hermano José.


A pesar de sus multiples ocupaciones siempre tenía tiempo para rezar, llevaba consigo permanentemente el Rosario entre sus dedos mientras caminaba de un sitio a otro del Colegio.

En los momentos de soledad en su cuarto oraba frente a un pequeño altar que él mismo se había procurado; el Crucificado en el centro y a cada lado, la Virgen y el Niño y del otro San José debajo de ellas una oración. estas reliquias se conservan en el Colegio y se exponen durante la celebración que lo conmemora, emocionan por su simpleza y nos hacen recapacitar de su profunda relación con Dios, la cual se establecía a través de una oración sincera ante imágenes verdaderamente humildes.

Su oficio no fue otro desde que llegó al Colegio hasta el dia de su muerte. Su vida consagrada por los votos que pronunciara en el Colegio en el año 1888, transcurrió silenciosamente en el cumplimiento diario de sus obligaciones como portero; y el silencio fue el mejor testimonio de la autenticidad de esa consagración.

El festejo de los 50 años de vida religiosa.

En la celebración de sus 50 años de vida religiosa. Varias publicaciones y periodicos anunciaban los festejos y invitaban a firmar el acta que le sería entregada el mismo dia de la ceremonia de las bodas de oro. A las 8 hs el monseñor Fasolino arzobispo de Santa Fe, a las 12:30 hs se hizo un almuerzo criollo con gran asistencia, a las 18 hs se realizó una velada recreativa en la que se le entregó un pergamino firmado por los amigos del Colegio. el hno mientra tanto permanecía en silencio. Dicen que el Superior de la casa tuvo que buscarlo personalmente para que bajara a los festejos. El rector del Colegio le ordenó usar el manteo que era la indumentaria para las más importantes celebraciones y que tan pronto finalizo el acto, se quitó la prenda que le entendía sólo correspondía usar a los jesuitas sacerdotes.

El pergamino firmado durante varios dias, que le fuera entregado durante la celebración, fue encontrado en un rincón de su aposento con su nombre y dedicatoria cubiertos por pinceladas de tinta roja que había hecho. Lo que le importaba al hno. era el nombre de aquellos que lo habían acompañado en esa celebración todos ellos intactos

No importaba tanto la alabanza que se hacía de su persona, ni siquiera su propio nombre, esto era lo que había quedado al descubierto.

La enfermedad y muerte.

Cuando se inciaba el año 1942 el hermano empezó a sentirse enfermo. Por primera vez desde la viruela que había tenido en el noviciado se le vio caer rendido sin fuerzas para hacer ningun trabajo. Según el José M Blanco S.J. " Averiguar que le pasaba era dificil. El que nunca se había quejado, cuando lo interrogaban contestaba que estaba perfectamente, a pesar de que las hojas de mamón ya no tenian eficacia" Pero los diagnosticos revelaron que su corazón que había soportado tantos embates estaba destrozado. Decidieron entonces dejarlo continuar con sus trabajos en la portería.

Todo lo que se hizo en adelante para mejorar su salud fue en vano. En junio se agravó su enfermedad con una neumonía se le dieron los sacramentos que recibió con mucha consolación. Así y todo reaccionó favorablemente pudiendo volver a la portería en agosto.

"Como no se preocupaba de si mismo era necesario que el enfermero lo vigilara y le obligara a abandonar su rincón para tomar algún alimento; y entonces se llegaba a la enfermería, se sentaba y esperaba a que le diesen algo... Nunca se adelantaba a pedir."

Todos estaban sorprendidos de la valentía del hermano que se encontraba tan delicado. El 19 de noviembre el corazón del hno. no resistio más. El 18 había fallecido el hno. Bajetto y se estaban velando sus restos en las salas de portería.

Dicen que el hno Figueroa quizo ver el cadaver de su amigo y encomendarlo. Habían estado trabajando juntos durante más de 20 años. Se puso al tanto de los detalles de la enfermedad que le llevó al sepulcro en ocho dias y se impresiono fuertemente.

Al sentirse decaído lo hicieron recostar, dándole algunos medicamentos y una infusión.

A eso de las 20 hs., el hno enfermero que se encontraba acompañado del Padre Barrera, que estaba agonizando, quizo visitar al hno. Figueroa..."Con sorpresa encontró su cuerpo tendido al pie de la cama. El hno. Figueroa había fallecido sin llamar la atención, sin molestar a nadie, pero con una larga preparación en la practica incesante de todas las virtudes" En el diario del Colegio registra los siguientes datos de ese dia:"19 de noviembre, a las 20 hs. dio su alma al Señor el edificantísimo hermano Figueroa efecto de un ataque cardiaco. Andaba hacía dias muy decaído y tan falto de fuerzas que su inesperada muerte no sorprendió. Portero excelente del Colegio durante 50 años, aun por la mañana de su muerte, vendió libros en la portería a unos sacerdotes, según tenía costumbre. Había recibido con fervor los sacramentos." Esta breve reseña sobre su muerte, ocurrida el mismo dia que otro hno. adjutor y del Padre Barrera, pone de relieve el misterio de la Providencia de Dios. El hno. esperó y recibió a la muerte con el silencio de siempre ... y ese dia fue uno más de los que partieron.

El mismo dia por la mañana había trabajado en cuanto le quedaban fuerzas.
En el año 1952 se tasladan los restos del hno desde el Cementerio Piquete hasta el templo de Nuestra Señora de los Milagros; donde hasta ahora es meta de peregrinación de tantos santafesinos que vamos a pedirle su intercesión para obtener diversas gracias.

"En todo amar y servir."




Miguel Serra Sucarrats

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