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 MONS. FRANCISCO CASES ANDREU
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Obispo Codina, canonización.

AFRICA, IGNORADA POR TODOS
 

ÁFRICA,
Utilizada por tus vecinos, excluida por tus hermanos, ignorada por todos.

A mi regreso de Madrid, de la Asamblea de la Conferencia Episcopal, quizás se espere más que hable de lo tratado allí, y no de los emigrantes. En Madrid los Obispos nos hemos dedicado a mirar juntos a España y a hablar de lo que vemos, de lo que nos da esperanza y de lo que nos preocupa desde nuestro corazón de pastores. Las jornadas ordinarias de nuestros encuentros anuales de Obispos, con montones de temas ocupando las horas, no dejaba margen al hablar reposado y al compartir las visiones. Con mucha más concordia y unidad de lo que nos suponen algunos, y con mucha libertad, hemos hablado de cuanto llevamos en el alma y ocupa nuestra tarea de cada día en nuestras Diócesis. Y es importante que hablemos, aunque no se traduzca nuestro diálogo en un documento, que nunca se proyectó para esta reunión.

Prefiero ahora sacar del ordenador lo que ya llevo muchos días tratando de ordenar sobre el tema que ocupa a diario los medios de comunicación: la emigración africana y sus nuevas modulaciones. Sigo día a día el mensaje que los datos y las reflexiones nos acercan sobre el tema. No puede ser mi palabra definitiva, ni siquiera ante mí mismo, pero también yo quisiera aportar alguna palabra, alguna idea, -¡ojalá sea una luz!- desde mi perspectiva de creyente. He advertido que un grupo de Sacerdotes de Canarias ha publicado también su mensaje sobre el tema, con planteamientos con los que estoy en profunda sintonía.

Si mi palabra no pretende ni de lejos ser definitiva, mucho menos puede ni siquiera intentar abarcar todos los aspectos del tema, que es problema, y problema complejo. Me atrevo a plantearlo a la luz de los mensajes dominantes que venimos recibiendo a través de los medios, sin que esto quiera decir que son los medios los responsables de este mensaje.

Es llamativo tomar nota de cuáles son las sílabas que llevan los acentos en cada momento. Hace ya tiempo que dejamos de hablar de pateras, ahora hemos aprendido que existen los cayucos, que son más grandes, más seguros, que llegan con patrones a los que se les puede juzgar, y que vienen en ocasiones remolcados por barcos pesqueros; hemos aprendido que detrás de todos los viajes hay intereses: de países emisores, que callan, hacen como que no ven, permiten o no están en condiciones de no permitir; de mafias que sólo tienen interés económico, aunque la mercancía sean vidas humanas; de países receptores, a primera y a segunda vista sólo interesados en que la emigración sea la justa que necesitamos, sin atender suficientemente o de modo preferente a los problemas de fondo.

Después se incrementó el número de viajes y el de viajeros. Y la cifra pareció excesiva. Alarmaban los números, y desaparecieron las personas tras las cifras. Después fue el qué hacer con los que llegan. Después las relaciones entre Canarias y Madrid, políticos y políticos, gobierno y gobierno. Después apareció Europa, y entró o se consiguió que entrara en el tema, porque -se dice y con razón- los cayucos no se dirigen a Canarias, se dirigen a Europa. Por un momento, unos días, pocos, apareció frecuentemente en los medios una palabra: África. Aparecía rodeada de satélites verbales: desarrollo, inversiones, convenios de intercambio de emigrantes devueltos a cambio de incremento del interés por potenciar la vida en África. Canarias aparecía hasta como la cabeza de puente del empresariado americano y europeo para las inversiones en África. Me pareció un momento precioso, aunque estuviera enturbiado por matices interesados. Creí que finalmente se estaba mirando por parte de todos en la dirección justa: pensemos en África, no olvidemos África.

Y siguieron apareciendo mezclados los temas que manifiestan el acento: el interés, siempre el interés, y el beneficio, en clave neocolonialista: ‘luchar contra este fenómeno’, ‘reforzar la vigilancia’, ‘usar más y mejores medios implicando a más naciones’, ‘desembarco empresarial’ de Estados Unidos y Europa en Canarias como base logística para canalizar las inversiones en África. Es cierto que en todo se va manifestando un cambio de atención. Se habla cada vez más frecuentemente de inversiones, de desarrollo, de cooperación. Bienvenidas sean estas intenciones, y más bienvenida sea su pronta realización. Aparece la constitución de la Casa de África en Las Palmas como centro canalizador de iniciativas y proyectos. Estamos en nuestro esquema económico, en el que prima el interés y el beneficio, pero ¿llegará por aquí la hora de África? ¿No habrá empresarios que intenten realmente potenciar el desarrollo de nuestros hermanos africanos, aun recortando sus beneficios? ¿No impulsarán los políticos sus iniciativas por esta línea? Bienvenidos sean los planteamientos que elevan el tiro por encima de los esquemas de defensa y vigilancia, y abren las perspectivas a enfoques de fraternidad, justicia y cooperación. Por aquí, y sólo por aquí me parece que se está apuntando en la dirección justa: pensemos en África, no olvidemos África.

Dos notas no quiero dejar de apuntar. La primera es que la novedad del incremento de la inmigración, y del nuevo medio de llegada, los cayucos, con la implicación de las autoridades administrativas y los centros de acogida, no puede hacer olvidar la población inmigrante que llegó y sigue llegando por los Aeropuertos y los Puertos. No son buenas sus condiciones de vida, y no podemos sino alabar a todos los grupos de Cáritas y de tantos colectivos sociales que trabajan para su acogida y su integración. Los encuentro por todas partes, en todas las parroquias, y bendigo a Dios por ello. Que sigan trabajando, que sigan acogiendo e integrando. Que sigamos ayudándoles a ayudar.

La segunda nota es un recuerdo para el Islam. Muchos de los países de los que proceden los emigrantes africanos son islámicos en un alto porcentaje, o en su casi totalidad, y en muchos el Islam ha realizado una gran labor de expansión. Personalmente he visto en Burkina Faso la proliferación de pequeñas Mezquitas en la casi totalidad de las poblaciones y aldeas. Y en todas ellas, pequeñas pero modernas construcciones prefabricadas, una placa recordaba a los visitantes o transeúntes que Arabia Saudita y los Emiratos del Golfo Pérsico habían financiado su construcción. Sabemos el protagonismo de estos países, y de otros también islámicos, en la producción petrolífera mundial, y sus consiguientes beneficios. ¿No deben intervenir con estos beneficios en el desarrollo de los países en los que edifican las mezquitas? Trabajar juntos allí donde hay una necesidad que atender, una llaga que curar, seguramente es también un elemento del diálogo que necesitamos abrir, mantener e incrementar con el Islam. El diálogo intercultural e interreligioso, importante, se beneficiaría de esta práctica aportación.

Como digo a los creyentes, y creo que puedo decir a todos: que el Señor nos bendiga con su amor y nos llene de amor mutuo.


Francisco Cases Andreu,
Obispo de Canarias

(26 de junio de 2006)


Vea también:
Mauritania: Rueda de prensa de Mons.Cases
África: Cómo entender a un africano
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