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CORPUS CHRISTI 2006: CARTA DE MONS. CASES
 

Vea también:
Cáritas: Acción Caritativa y Social


EL OBISPO DE CANARIAS

Las Palmas de GC., 4 de junio de 2006

A TODOS LOS SACERDOTES
A TODOS LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA
Y SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA DE LA DIÓCESIS
A TODOS LOS EQUIPOS PARROQUIALES DE CÁRITAS


Mis queridos Hermanos y Amigos:

Está cerca la SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI y deseo compartir con Vds. algunas reflexiones que me parecen esenciales para la vida de la Iglesia en su momento actual. Creo que es importante, muy importante, que la Iglesia, cada comunidad cristiana como tal y cada cristiano en ella, reflexione sobre el lugar de la Eucaristía en su vida personal y comunitaria. No se trata de algo relativo a los márgenes de la fe, sino a su más íntimo núcleo esencial: la relación personal con Jesucristo vivo como Señor Resucitado. Ahí, y no en la corrección o adecuación de nuestras dinámicas y nuestras programaciones, está en juego el ser, el vivir y el actuar de la Iglesia y de cada creyente.

El Santo Padre Juan Pablo II observaba que no ocupaba la Eucaristía la consideración y el lugar debidos en la Iglesia y, en la última etapa de su vida, insistió e insistió muy singularmente en llevar nuestra mirada, la mirada creyente de nuestros corazones, a este Misterio central. Ya Santo Tomás y el Concilio lo recogió en el Decreto sobre el Ministerio y la Vida de los Presbíteros, afirmó con expresión contundente que “en la Sagrada Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo en persona, nuestra Pascua y pan vivo, que por su Carne vivificada y que vivifica por el Espíritu Santo, da vida a los hombres, que de esta forma son invitados y estimulados a ofrecerse a sí mismo, sus trabajos y todas las cosas creadas juntamente con Él” (PO 5). Juan Pablo II, que tanto énfasis puso en el Jubileo de la Encarnación del año 2000, pensó ese Año como intensamente eucarístico (TMA 55), declaró el Curso 2004-2005 Año de la Eucaristía, abierto con el Congreso Eucarístico Internacional de Guadalajara (Méjico), y clausurado con la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos dedicada a la Eucaristía. Nos regaló la Encíclica Ecclesia de Eucaristía antes de su inicio y la Carta Apostólica Mane Nobiscum para su misma celebración.

Tantas y tan concentradas iniciativas constituyen una especie de testamento espiritual, que no sé si hemos discernido y aprovechado convenientemente. Cada acercamiento a la celebración de la Eucaristía, y la cercanía de la Solemnidad del Corpus Christi lo es de modo muy singular, puede ser una ocasión maravillosa de reflexionar y de examinarnos, personal y comunitariamente, precisamente sobre ese lugar del Sacramento de la Presencia Entregada de Cristo en nuestras vidas y en la vida de los creyentes. Todo puede y debe ser reflexionado y revisado: el tiempo que dedicamos al encuentro personal con Jesús Eucaristía, y el que enseñamos a dedicar a los creyentes; el modo de celebrar, sacerdotes y fieles, y el modo de comulgar: advertencia consciente o descuido irreflexivo; preparación interior como atención y expresión de esa atención en las formas exteriores; también la preparación personal como actitud moral de coherencia con el resto de la vida, sin excluir el acercamiento al Sacramento de la Penitencia; respeto y cariño a la Presencia en el Sagrario: atención, cuidado, tiempo; contenidos y frecuencia de nuestras catequesis o nuestras reflexiones pastorales sobre la Eucaristía; los niños, los adolescentes y los jóvenes y la Eucaristía; la familia y la Eucaristía… ¿por qué tantas ausencias? ¿cómo explicar tanta inadvertencia en torno al núcleo de la Vida de la Iglesia?

La Presencia de la Entrega de Cristo en la Eucaristía es inseparable de su Presencia en el Hermano necesitado. Cuando el piadoso israelita de otros siglos se presentaba ante el Señor con la ofrenda de sus cosechas rezaba con atención: “He apartado de mi casa lo sagrado; se lo he dado al levita, al emigrante, al huérfano y a la viuda”. El corazón eucarístico, el corazón agradecido, consciente de la presencia cercana y fortalecedora del Señor, repasa y agradece los dones, y reparte y comparte los dones con los que no “tienen cosecha”. Lo que he recibido es para regalarlo. Lo que soy yo mismo tiene sentido si recuerdo a los demás, y en especial a los que no tienen apoyos. La parte del necesitado tiene un nombre especial: “lo sagrado”. La unión de la Solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad hunde sus entrañas en los más profundo del ser creyente.

La Eucaristía y la Procesión del Santísimo Cuerpo de Cristo, que se potencia de múltiples maneras en las Parroquias, es una hermosa ocasión de actualizar y vitalizar la devoción de los fieles a la Presencia Entregada de Cristo, el Señor Resucitado. En la Capital, Las Palmas de Gran Canaria, esta Procesión, única para toda la Ciudad, se iniciará al concluir la Misa Pontifical que celebraremos a las 7:30 de la tarde en la Santa Iglesia Catedral. Les convoco con todo interés y alegría, de manera especial a los Sacerdotes, a los Consagrados y a los miembros de los equipos parroquiales de Cáritas.
Inviten y animen a los niños que han hecho la Primera Comunión este curso; les prestaremos una singular atención.

Con esta carta sólo pretendo incentivar la reflexión personal y comunitaria que creo necesita la Iglesia, y que creo volveremos a abordar. Cada uno, y en especial los pastores, encontrará el modo más conveniente de animar esta meditación y esta revisión.

Que el Señor nos bendiga con su amor y nos llene de amor mutuo.

+ Francisco Cases Andreu
Obispo de Canarias.




La fe se fortalece dándola | Domund 2006: Carta pastoral de Mons. Cases

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