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 MONS. FRANCISCO CASES ANDREU
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Mons. Francisco Cases Andreu
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¡¡BIENVENIDO MONSEÑOR!!
 

¡¡ BIENVENIDO MONSEÑOR!!

Por José María Cabrera Pérez


¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz que trae buenas nuevas...! (Is.52, 7)

Con esta proclamación profética, llena de júbilo y esperanza, le recibe, Monseñor, el pueblo de Dios que peregrina en esta porción del “Archipiélago de la Fortuna”, las islas orientales; La Graciosa, Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria, canónicamente “Diócesis Canariensis – Rubicensis”.

Permítame, Monseñor, sólo en esta ocasión, que me convierta en vocero y altavoz de los diocesanos, sin que nadie me haya nominado para este menester literario de anfitrión episcopal.


- Sea bienvenido, Monseñor, a esta tierra de fuego.

Pisa, su excelencia, tierra caliente. Caliente en su múltiple dimensión poliédrica. Ésta, está asentada en una placa volcánica la cual ha rugido, muchas veces, a lo largo de su historia, vomitando fuego, lava, lapilli, cenizas y humo. Así se despertó el monstruo que desató en cadena entre 1.730 y 1.736, los dramáticos acontecimientos:

“El 1 de Septiembre de 1.730 reventó (un volcán) de nueve a diez de la noche cerca de Chimanfaya a dos leguas de Yaiza. En la primera noche una enorme montaña se elevó del seno de la tierra, y del ápice se escapaban las llamas, que continuaban ardiendo durante diez y nueve días. Pocos días después un nuevo abismo se formó y una corriente de lava se precipitó sobre Chimanfaya”. (Lorenzo Curbelo, Andrés. Crónicas) (“Los volcanes de Chimanfaya”) pág. 38. (1)

Esta amenaza, Monseñor, perdura en el inconsciente colectivo de este pueblo que le toca pastorear.

Los dos últimos volcanes son recientes, históricamente. En el año 1.949 se despertó el dragón, cuyos sucesos se registran en el romancero popular. El último, en 1.971, el volcán Teneguía, del cual fui testigo ocular, privilegio excepcional (¡!), ambos en la isla bonita de La Palma.


- Sea bienvenido, Monseñor, a esta tierra caliente,
pues, tan solo a 100 Km. de la isla hermana majorera se encuentra el continente africano. De allí nos llega el fuego calimoso y pesado sahariano, amasado con la arcilla en suspensión. A lo largo del año, muchas veces, lo tenemos que soportar, con grave incómodo, hasta incidir en el rendimiento laboral de sus habitantes.

También, desde allí, arriban en nuestras costas decenas y decenas de pateras repletas de subsaharianos y magrebíes, víctimas de la miseria, el hambre y las situaciones sociopolíticas del continente. Nuestros mares y playas huelen a muertos, golpeando nuestras conciencias e incendiándolas en múltiples debates, públicos y privados, sin que haya voces autorizadas que frenen y resuelvan los enjundiosos negocios de las mafias que trafican con estos seres humanos.


- Sea bienvenido, Monseñor, a esta tierra caliente
acariciada por el hermano sol, que nos acompaña los 365 días del año, el cual unido al mar y sus alisios nos regala un clima agradecido, sostén de los estómagos isleños, regocijo de las arcas empresariales turísticas, inmobiliarias y del mundo de la fruición. Éstos, están necesitados de una palabra interpelante y profética.


- Sea bienvenido, Monseñor, a esta tierra caliente de
la Gran Canaria profunda, otrora, graneros de nuestros pueblos por su intensa agricultura y excelente ganadería; la cuenca de los Tirajanas, donde al grito de “Atis Tirma”, se despeñaron sin vencerse los ancestros insulares, terminando, así, la conquista por las huestes castellanas. A la Tejeda querida, “tempestad petrificada”, en las palabras de Unamuno, quien desterrado pronunciaba, lo que el intelectual contemplaba, de cuyo corazón sobresalen el Roque Nublo y el Bentayga, símbolos y orgullo de Gran Canaria. Al Fontanales de Moya, al Juncalillo de Gáldar y a la Artenara encuevada, quien con su Virgen pequeñita tantas vocaciones han dado; sacerdotes, religiosas, levitas y muchas gentes de bien e ilustradas.


- Sea bienvenido, Monseñor, a esta tierra caliente,
antaño emigrante, para mitigar el hambre por las sequías canarias y la crisis del régimen del monocultivo, históricamente implantado.
Esta tierra que le recibe es hoy destino, casa y mesa de un colectivo cada vez más multicultural: canarios de todas las islas, hermanos continentales, europeos, latinoamericanos, africanos, indios, asiáticos... cada estrato con sus filosofías de vida, culturas y religiones, vivas y proselitistas.

Es obvio el permanente y acalorado debate ante la alta densidad de población y la posible sofocación de la cultura canaria. Estos temas están en boca de todos; en los hogares, en el bar, en los círculos de opinión, los medios de comunicación, la universidad, las instituciones administrativas y políticas y, también, en la Iglesia.


- Sea bienvenido, Monseñor, a esta tierra caliente.
Este pueblo, cuna y sostén de esta Iglesia particular, está conformado por gracioceros, conejeros, majoreros y canariones. Este es un pueblo acogedor, afectivo, cariñoso, profundamente dado, fraterno, convivencial, valorativo, festivo, religioso en el fondo y en las formas, y mariano. Canarias es tierra de María. Las ocho islas están bajo el Patronazgo de una advocación mariana.

No conviene silenciar, Monseñor, en este momento de su entrada, ciertas variables atávicas que acompañan la psicología del hombre y de la mujer canaria. Ello sólo, al objeto de que usted nos pueda entender y si le pudiera servir para su pronta inculturación, y un mejor ministerio episcopal.

Los canarios, entre los cuales estamos los sacerdotes, a veces tienen comportamientos de inseguridad, frustración, cautela, agresivos, sentimientos de inferioridad, ingenuos, baja estima, parcos en léxico, poco dialogantes, acríticos y sumisos. Estas variables tienen su explicación psicosocial en la historia que nos ha tocado vivir y en los intereses dominantes que a lo largo de estos seis siglos han generado las estructuras político – administrativas y sus dirigentes. Para más agravio, el ser un territorio de ultramar fraccionado en islas, a dos mil kilómetros de la metrópolis, lejos de los órganos de poder y de decisión.
Pesa sobre la psicología del oriundo isleño una historia de introyectos que hacen del alma canaria un ser singular y distinto, diferenciándose cualitativamente de los andaluces, extremeños, castellanos, catalanes o vascos.

Le toca pastorear, monseñor, un pueblo que sigue teniendo, pendiente, varias asignaturas por aprobar...

(Canarias: sociedad sin padre, pág. 113 – 153) (2)


- Sea bienvenido, Monseñor, a esta Iglesia
Particular, Diócesis de Canarias. Seiscientos años de historia la avalan, desde que el Papa Benedicto XIII, el 7 de Julio de 1.404, la creara.

La mayoría de edad de ésta, está registrada por sesenta y siete obispos residenciales que la han evangelizado, nueve sínodos diocesanos y una hija primogénita: la Diócesis de Nivaria. Un Presbiterio exquisito, bien formado y actualizado, noble, bueno, honrado, generoso, trabajador, servicial, disponible, austero y sencillo. Además de un vasto laicado fiel y ejemplar, vertebrado en un voluntariado tenaz y comprometido. Toda esta Iglesia con vocación ministerial.

Monseñor, en este día, importantísimo para nuestra diócesis, como lo será, también, para cualquier diócesis del mundo católico, al producirse relevo episcopal reciba, simbólicamente, las llaves de esta ciudad, de nuestra diócesis y de nuestras parroquias:

- Queremos que usted sea nuestro Obispo y nuestro primer Pastor en la evangelización de todos los que vivimos en esta tierra.

- Queremos que usted sea el primer sacerdote y un hermano más en el presbiterio diocesano.

- Queremos que usted tenga la última palabra en el ejercicio del ministerio de la Comunión.

Desde estos principios y estas actitudes, irrenunciables, ponemos en sus manos las llaves de nuestras casas, de nuestros hogares y de nuestros corazones.

Siéntese con nosotros a la lumbre del candil y háblenos de Dios y de su Palabra. Háblenos de Él y de sus gestas de amor. Háblenos de Jesús de Nazareth, Nuestro Señor y Redentor, “Hombre a quien Dios acreditó, realizando por su medio los milagros, signos y prodigios” (Hc.2, 22).

Pase a nuestras casas, Monseñor, y háblenos de María, nuestra madre y madre de la Iglesia. Háblenos de los Apóstoles, los discípulos de Jesús y de sus mártires: ochenta millones de hombres y mujeres que han derramado su sangre por Jesucristo y por su mensaje de amor.

Entusiásmenos con esta Iglesia fundada por el Señor, santa y pecadora, perfecta y siempre necesitada de conversión.

Ayúdenos, hermano Obispo, a seguir soñando y forjando la Iglesia que quiso el Señor Jesús “Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían al templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez del corazón.” (Hc 2, 44 – 46)

Siéntese en nuestra mesa, hermano Obispo, coma en familia el pan de la fatiga, parta y comparta para nosotros el pan de la Eucaristía, misterio extremo de entrega y de amor. Nos urge el que se realice entre nosotros el milagro de Emaús: “Quédate con nosotros... Y entró a quedarse con ellos. Cuando se puso a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron... Se dijeron unos a otros: ¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las escrituras?” (Lc.24 , 29-32)

Comparta con nosotros, hermano obispo, nuestras tertulias fraternales y ayúdenos con su presencia y su palabra de pastor y maestro a leer los signos de los tiempos: en la cultura, en la educación, en los movimientos socio – políticos y económicos, en los diversos entramados que conforman la sociedad canaria. Todo ello porque queremos hacer presente en todos los ambientes el mensaje salvador del Señor, “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo” (Jn. 17, 3).

Ayúdenos, Monseñor, a celebrar, el Misterio Salvífico con profundidad cristológica que nutra nuestra hambre de comunión con El y que nuestras liturgias eclesiales, dignas, bien hechas y participadas nos empujen a amar a los pobres, a estar cercanos y comprometidos con el mundo actual; (a defender a la infancia, la juventud, la familia), a los marginados y marginales, a los enfermos, a los presos, a los ancianos que viven solos y a todos aquellos que están necesitados de una palabra y un gesto de amor, de perdón y de esperanza.

- Sea bienvenido, Sr. Obispo, como nuestro Pastor,
Maestro y Hermano. Estamos plenamente convencidos de que todo el pueblo canario: creyentes, agnósticos y no creyentes le acogemos. Canarias es tierra de acogida. Nosotros, sus diocesanos y todo su presbiterio, le abrimos de par en par nuestros corazones. Le aseguro que el pueblo canario no le defraudará. Usted mismo lo experimentará.

¡¡Bienvenido a casa, Monseñor!!

Lcdo. José Mª Cabrera Pérez
Párroco de S. Isidro Labrador- Montaña Cardones y Arcipreste de Arucas.


(1) Los volcanes de Chimanfaya.
Cazorla León, Santiago, y Sánchez Rodríguez Julio.
Ayuntamiento de Yaiza.
Estudios Gráficos Zure – Bilbao – Bizkaia -2.003

(2) Psicología del hombre canario.
Alemán Álamo, Manuel.
Centro de Cultura Popular Canaria.
Grafitensa – 1.980




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