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 MONS. FRANCISCO CASES ANDREU
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Mons. Francisco Cases Andreu
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Obispo Codina, canonización.

MONS. CASES: UNA NUEVA ETAPA
 

UNA NUEVA ETAPA

Por Mario Santana Bueno

Hoy comienza una nueva etapa en nuestra diócesis. Una nueva senda en el mismo camino porque no nos olvidemos que el camino es el mismo: el Evangelio. Hoy cambiamos de ritmo pero no de camino.

Saben ustedes que al cristianismo antes de ser llamado como tal, se le conocía con el nombre de “el camino”, porque en definitiva eso es la vida humana: un camino hacia Dios.
La misma estructura de las iglesias quiere simbolizar ese camino. Su diseño lineal nos hace entrar por la puerta hasta el mismo altar, símbolo de Cristo. Una y otra vez el cristiano entrará a lo largo de su vida en línea recta hacia Jesús, un camino que en numerosas ocasiones se desvía por la fragilidad humana y por la presencia del pecado que continuamente nos acosa.

La reflexión de hoy quiere centrarse en el caminar de este nuevo hermano obispo que sucede a Mons. Echarren, con el que hemos caminado casi 30 años por las sendas del Evangelio.

A pesar de lo que la gente cree, el puesto de obispo en la Iglesia siempre ha sido muy difícil de cubrir. Normalmente los sacerdotes se resisten a tomar el lugar de los apóstoles porque eso es lo que significa ser obispo: ser un sucesor de los apóstoles y eso es una de las más grandes responsabilidades que puede tener un cristiano en cualquier momento de su vida. Ni que decir tiene que lo primero que siente un sacerdote cuando se le propone este cargo tan importante es temor y temblor; pero la generosidad puede más que el miedo.

Jesús llamó a los apóstoles a seguirle, y hoy es la Iglesia quien continuando su tarea, la que se encarga de llamar a otros en el nombre de Jesús, para que la dinastía espiritual no se pierda. Pero decir sí y aceptar la tarea de la responsabilidad episcopal más que un puesto de honor es una carga que se lleva con honor.

Conozco a varios obispos, hombres de Dios que se han fiado siempre de las fuerzas que Dios da más que de sus propias cualidades. Ser obispo no es fácil, nunca lo ha sido. Los fieles son muchos miles, pero la persona del obispo es uno solo y todos esperan una respuesta, una palabra de aliento, una indicación del camino a seguir.

Esta tarde en nuestra catedral hace su primera entrada un hermano que lleva la honorífica y gran responsabilidad del episcopado. La Iglesia le ha dado el encargo de que acompañe nuestros pasos por el siempre difícil camino de la fe, una fe que se ve continuamente salteada por los inconvenientes de nuestro tiempo.

¿Qué significa un obispo en la diócesis?
Para muchas personas Dios es alguien lejano y sin apenas interés en nuestro estresado mundo. La misión de la Iglesia es precisamente recordar al mundo que el reino de Dios está cerca, muy cerca, tan cerca que hasta se puede vivir…
Pero el vivir a Cristo no siempre es fácil. Muchas veces las propias personas que intentamos seguirle confundimos nuestros deseos con los de Dios. Decimos que la voluntad de Dios es lo que nosotros queremos, pero esto no es así. Muchas veces la voluntad de Dios es justo la contraria a lo que nosotros queremos…

El Obispo es el testigo fiel de la Iglesia. El que confirma nuestra fe. El Obispo tiene que ser ejemplo del Buen Pastor. Algunos creen que tiene que ser como un buen administrador, un ejecutivo de la fe, un organizador entusiasta, una persona más inteligente que las demás…
Cuando Jesús habla de sí mismo no dice: “Yo soy el más listo, el más trabajador, el más comprometido, el que tiene más tacto…” No. Lo que Jesús dice es: “Yo soy el buen Pastor”, por eso la tarea de cada obispo es precisamente la de continuar con el pastoreo del pueblo de Dios.

La etimología de la palabra “obispo” significa “vigilante”. Un obispo es por tanto un vigilante, no entendiendo esto como el que está permanentemente observando para castigarnos. Vigilante, obispo, significa el compartir nuestro mismo camino sabiendo que también tiene fallos y errores y por eso no puede juzgar a los demás sino invitarles a la corrección, a volver a las sendas del Evangelio.

En el día de la toma de posesión de nuestro obispo tenemos que dejar a un lado las dudas y los temores y tenemos que entrar en el mundo de los agradecimientos. Agradecer a Dios el envío de nuestro nuevo pastor. Dar a monseñor Cases nuestra más sincera bienvenida llena de acogida y de oración en la seguridad que todos, cada uno desde su sitio, construiremos el camino del evangelio para las personas de nuestro tiempo y de nuestra tierra.

Para nosotros los católicos el acontecimiento de la llegada de un nuevo pastor es importante, pero ciertamente no supone grandes novedades. Cada obispo tiene por misión seguir extendiendo el Evangelio, cada uno desde sus carismas y cualidades, pero el mensaje y la actitud de fondo es la misma: extender el Evangelio.

¿Qué esperamos de este nuevo obispo en la diócesis?

Las expectativas son muchas. Queremos cercanía, apoyo, estímulos en nuestro caminar de cristianos. Sabemos de la necesidad de continuar un trabajo iniciado por Mons. Echarren que ha sido clave en la organización interna de la diócesis.
Mons. Cases recibe una diócesis organizada que ahora necesita consolidar el trabajo realizado.

Uno de los primeros deseos de nuestro obispo es el de visitar las islas de Fuerteventura, Lanzarote y La Graciosa. Buen comienzo para el peregrinar de un apóstol. Tal y como san Pablo visitaba las comunidades de hermanos; nada más comenzar su pontificado nuestro obispo quiere ver y sentir cada uno de los lugares de nuestra diócesis.

Uno de los grandes retos de nuestro obispo es el contacto con los alejados, con los indiferentes. Es necesario actualizar el mensaje para los que están lejos de la fe. Esta dimensión evangelizadora seguro que estará muy presente en el ministerio de nuestro nuevo pastor.

En definitiva, este nueva etapa que comenzamos hoy es el camino de todos en la Iglesia de Cristo, no es sólo el de nuestro pastor sino el de todos los que con fe intentamos seguir a Cristo.

Gracias Mons. Echarren
Gracias Mons. Cases

Enhorabuena a todos.

Entrada de Mons. Cases a la Diócesis de Canarias
27 de enero de 2006




¡¡Bienvenido Monseñor!! | Un corazón sin puertas

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