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FUTURO: TENER PRESENTE EL FUTURO
 

TENER PRESENTE EL FUTURO

¡Cuántas cosas cambiarían si tuviéramos presente el futuro al adoptar decisiones, al formular opiniones, al dirigir nuestra vida! Si recordásemos que el ayer y el hoy no podemos modificarlos, y que sólo el mañana es nuestro compromiso, podríamos reorientar muchos rumbos.

Es necesaria una nueva mirada en la que veamos mucho a los jóvenes, los niños, a los que todavía no han llegado, y muy poco a nosotros mismos. Algunos datos pueden ayudarnos: cada día la población del mundo, que se estima en 6.300 millones, aumenta -a pesar del notable declive conseguido en los últimos años gracias, sobre todo, a la educación- en unos 180.000 habitantes; 50.000 personas mueren diariamente de hambre y enfermedades para las que se dispone de tratamientos; 1.600 millones de seres humanos viven en condiciones de gran precariedad (menos de dos dólares diarios), mientras que los gastos en armamento se sitúan en los 2.680 millones de dólares al día y los subsidios a la producción agrícola en los EEUU y la UE en 1.000 millones diarios.

Las asimetrías económicas y sociales no cesan de ampliarse en un escenario global en el que los países más poderosos y prósperos han abdicado de los principios democráticos (justicia, libertad, igualdad, solidaridad) en favor de las leyes del mercado y han dejado buena parte de sus responsabilidades políticas en manos de grandes multinacionales, al tiempo que incumplían sus promesas de ayuda a los países más pobres y debilitan el sistema de Naciones Unidas, el insustituible marco para asegurar, como soñara el presidente Roosevelt, que nuestros descendientes pudieran vivir en paz.

Los mismos irresponsables que favorecieron la mercantilización de tantos aspectos de la vida y pospusieron los valores por los que muchos jóvenes -ellos mismos- habían luchado, se preguntan por qué sus hijos se comportan como lo hacen.

A base de tener demasiado presente el pasado, los horizontes se reducen y ensombrecen, y la inercia lo domina todo. La evolución se paraliza y se favorece el desgarro, la ruptura, la revolución. Por pensar demasiado en uno mismo y poco en los demás, demasiado en lo que sucede y no en lo que debería suceder, hemos retrocedido en aspectos esenciales y nos hemos dejado arrastrar por lo inmediato y superfluo.

Memoria del pasado: de los que más sufrieron, de las víctimas de todo orden, de los más visibles, de los anónimos. Memoria del presente para, desde hoy mismo, empezar a recorrer caminos de futuro. Sólo cuando el futuro pesa más que el pasado, cuando el presente de los jóvenes pesa de verdad más que el nuestro, entonces es posible la conciliación, la paz, la palabra en lugar de la fuerza.

Si tuviéramos presente el futuro, no guardaríamos silencio cuando los gobernantes adoptan medidas que pueden afectar la dignidad humana, las condiciones medioambientales, la diversidad cultural o los valores universales. Cuando se discrimina, se excluye, se humilla.

Si tuviéramos presente el futuro, participaríamos en todas las cuestiones que nos conciernen y dejaríamos de ser espectadores pasivos y resignados, fortaleciendo el pluralismo y evitando los abusos partidistas y el absolutismo de las mayorías parlamentarias.

Si tuviéramos presente el futuro, escucharíamos el consejo de los equipos transdisciplinares más acreditados en los temas de seguridad y calidad de vida (energía, agua, nutrición, salud) y les facilitaríamos el papel prospectivo, de vigías, que les corresponde.

Si tuviéramos presente el futuro, no dejaríamos que se alicortara la capacidad de vuelo de nuestros hijos y nietos mediante el inmenso poder mediático que puede uniformizarlos y hacerles dóciles e indiferentes, cuando más solidarios y libres los necesitamos para este “otro mundo posible” que anhelamos para ellos.

Si tuviéramos presente el futuro, no dejaríamos que se nos escaparan momentos y oportunidades que quizás no vuelven a repetirse. Aunque hayamos mantenido posiciones que veamos parcialmente defraudadas, debemos saber dejar a un lado nuestro presente herido y acercar el hombro para el paso hacia delante que representa. La serenidad es un componente esencial de la sabiduría, que sabe discernir, en las horas decisivas, entre lo que era y es posible. No olvidemos la reflexión del sabio: “Cuando un dedo señala la luna, sólo los miopes miran al dedo”.

Si tuviéramos presente el futuro, colaboraríamos en el establecimiento de unas instituciones internacionales dotadas de la autoridad, el prestigio y los medios humanos y financieros necesarios para una gobernación multilateral eficiente, en lugar de la peligrosísima hegemonía y plutocracia que originan una humanidad consternada por la paz fría que se ha establecido tras la guerra fría. La fuerza en lugar del diálogo y la conciliación. El músculo en lugar de la justicia. Y unos cuantos en lugar de los pueblos.

Si tuviéramos presente el futuro, sabríamos que ha llegado el momento de hacer una pausa para facilitar el encuentro, la conversación, la alianza.

Sólo así, las generaciones actuales podrán pasar airosamente el testigo del relevo a sus hijos diciéndoles al oído: “Estamos iniciando una nueva era. La de la gente. La de la voz de todos. El secreto radica en compartir mejor. Y en mirar hacia delante”.

Federico Mayor Zaragoza
Presidente de la Fundación Cultura de Paz




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