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LÍBANO: TESTIMONIOS DE DOLOR- SALESIANAS
 

Testimonio de las Hijas de María Auxiliadora desde el Líbano

OMPRESS-LÍBANO (21-07-06)
"¡Un cúmulo de escombros peor que el de la guerra de hace veinte años! No es verdad que sólo sean objetivo los lugares de Hezbollah, esta misma mañana, en la Beqaa, una Iglesia ha sido alcanzada", así describe los resultados de los ataques en el Líbano un testimonio enviado desde allí por las Hijas de María Auxiliadora a sus hermanas de congregación.

"La realidad de los hechos escapa siempre a las cámaras, las televisiones emiten normalmente aquello que ya todos ven, hay cosas que nadie ve y de las que nadie habla: Ninguna cámara ha grabado desde una ventana de Kahhale a aquella mujer egipcia, que vino para pasar algún día lejos del agobiante calor de Egipto, cuando ha escuchado, hacia las primeras horas del jueves 13, cómo bombardeaban el aeropuerto. Temerosa buscaba el origen del bombardeo con miles de preguntas en la cabeza: ¿y la familia? ¿Qué haré para volver?

Ninguna ha filmado a aquella mujer venida de América para visitar a unos familiares, pero que ha tenido que abandonar Saida a las seis de la mañana del día 17 para alcanzar Jordania a las 9 y media de la noche, con sus tres niños que en todo el día no han bebido más que agua y comido galletas... lloraba ella y lloraban ellos, en la fila, frente a un policía que les debía dar el visado.

Ninguna cámara ha grabado a los taxistas que pedían el triple o el cuádruple del precio a quien tenía urgente necesidad de dejar el Líbano... Nadie ha visto a las 40 personas refugiadas en el pasillo de la primera planta de nuestra casa en Hadath...

Ninguna cámara está grabando la escena de los refugiados, que como José y María en aquella noche de hace 2000 años, no encuentran alojamiento en ninguna parte, por miedo a los invasores.

Ninguna cámara filmará jamás a tantas personas oprimidas por el miedo. Todas estas cosas las hemos visto y tantas otras"

"Para los espectadores la guerra es un cúmulo de cifras y de estadísticas. Pero para nosotros, el lenguaje tiene una forma diversas, concreta, palpable: las víctimas tienen el rostro de amigos y de familiares, las ruinas son sinónimo de años de parálisis económica, y los daños significan largas jornadas sin agua, noches interminables sin electricidad, y parientes queridos que quizás no volveremos a ver nunca.

La imagen de los 11 niños quemados vivos en el autobús que intentaba huir de la aldea de Merwa-heen nos obsesiona, pensamos en sus madres: la muerte de un hijo es el más doloroso de los dramas".

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